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El impacto de las campañas publicitarias de Navidad en los niños

¿Te ha pasado que alguna vez tu hijo o hija ha cantado la pegadiza canción de un mensaje publicitario? ¿O te ha repetido el eslogan de alguna marca?

En el fascinante mundo del desarrollo infantil, Jean Piaget nos revela que los pequeños tienen una forma única de percibir los anuncios. Hasta los 6/7 años, los niños no logran diferenciar la publicidad como contenido, y la comprensión de la intención persuasiva no llega hasta los 8 años. Durante esta etapa crucial de sus vidas, los mensajes publicitarios dirigidos a los niños no son objeto de escrutinio ni juicio. ¡Imagina la mente infantil como una esponja que absorbe el impacto persuasivo sin cuestionar! Es vital comprender que, cognitivamente, los niños se encuentran indefensos frente a este tipo de influencias en sus primeros años.

¿Te has preguntado alguna vez cómo impacta la publicidad en el desarrollo de los más pequeños? Explorar esta faceta nos ayuda a entender mejor cómo moldeamos las percepciones y elecciones de los niños a través de los mensajes que les llegan.
Los niños, a diferencia de los adultos, aportan una frescura y espontaneidad que los hace irresistibles para las estrategias publicitarias. Además, los pequeños muestran una predisposición única hacia los anuncios. ¿Por qué? Porque estos mensajes son breves, llamativos y fáciles de entender sin necesidad de profundizar en su significado.

Imagina a los niños sumergidos en un mundo donde los protagonistas son sus pares o sus héroes y personajes favoritos. Esta conexión instantánea se convierte en un imán para su atención. Los anuncios, diseñados con eslóganes seductores y sonidos eufónicos, añaden un toque soñador a las palabras, haciendo que suenen divertidas y fantásticas. ¿El resultado? Un cóctel perfecto para capturar la imaginación de los niños. No es casualidad que estos anuncios se vuelvan omnipresentes durante la temporada navideña, utilizando la repetición como una fórmula mágica

Dos investigadores realizaron un análisis revelador al observar las preferencias de regalos de los pequeños a principios de noviembre y compararlas con las listas confeccionadas a mediados de diciembre, justo cuando los anuncios de juguetes alcanzan su máximo esplendor.
La investigación no solo se limitó a las elecciones de regalos, sino que exploró las «defensas cognitivas» de los niños, es decir, sus herramientas de pensamiento crítico. ¿Cómo razonan frente a los anuncios y cómo perciben la intención persuasiva de estos mensajes? Lo fascinante es que, incluso aquellos niños con fuertes defensas cognitivas no escaparon a la gran influencia de las campañas publicitarias, especialmente cuando se encuentran inmersos en diciembre, un mes saturado de irresistibles anuncios.
Este descubrimiento arroja luz sobre el hecho de que, a pesar de tener habilidades de resistencia persuasiva, las listas de deseos de los niños pueden experimentar cambios notables durante la temporada navideña debido a la poderosa influencia de la publicidad.

Parece que no podemos hacer nada para evitar este impacto, ¿no? Lo cierto es que no podemos erradicar las campañas de Navidad, pero sí podemos dotar a nuestros hijos de habilidades hacia la toma de decisiones de compra.
En primer lugar, y la solución más fácil que podemos adoptar, es actuando como modelos para ellos. Así como la televisión y los medios ejercen de agentes de socialización para los niños, los padres también actuamos como tal para ellos. Por tanto, las primeras conductas y actitudes como futuros consumidores, las aprenden de nosotros. El cómo actuamos frente a los anuncios de televisión, qué hacemos delante de un escaparate en la calle, o nuestro comportamiento dentro de una tienda ejerce el papel de guía para ellos. Y actualmente que las compras se realizan mayoritariamente a través de Internet, también ven cómo manejamos los dispositivos y las aplicaciones de compras, si nos dejamos llevar por ofertas flash, si aumentamos nuestras compras en el “Black Friday” o si utilizamos códigos descuento de algún “influencer” para ahorrarnos algo.

Además, podemos fomentar su autoestima y criterio propio para un óptimo desarrollo de una opinión propia, un gusto personal y una capacidad de decisión bien consolidada. Se pueden aprovechar los momentos de compra familiar, la elección de su propia ropa, hacerle partícipe en pequeñas decisiones cotidianas. Se trataría de un proceso de cambio en el cual el estadio final sería la campaña de Navidad, es como si entrenáramos un año entero para una maratón donde tenemos que usar todos nuestros recursos aprendidos.

Autora: Sara Díaz (Graduada en Pedagogía)

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