La presión sexual me bloquea

Cuando queremos mantener relaciones sexuales cualquier situación ante la que nos veamos inseguros puede ser un gran inconveniente para poder disfrutar del sexo. Al hablar de sexo muchas veces lo hacemos desde el más puro desconocimiento. Es habitual encontrarte a pacientes que jamás hablan ni han hablado de sexo con nadie, que su educación sexual ha sido a base de sus experiencias (no siempre buenas) y que por tanto se manejan con una información muy pobre con lo que al sexo se refiere. El sexo hay que verlo como algo natural, hecho para y por el placer, nadie nos examinará y si algo no sale como uno esperaba pues se vuelve a intentar o se modifica.
Al fin y al cabo es un juego entre dos personas que buscan lo mismo… pasárselo bien!!!
Si lo que nos genera malestar es un miedo, lo más conveniente sería buscar el origen de ese miedo. Puede venir de una mala experiencia previa, de una desinformación, de falta de comunicación con nuestra pareja… Hay que descubrirlo para afrontar el miedo. Es importante no tomarse el sexo como una carrera a la hay que llegar a la meta con buena puntuación, las prisas solo provocarán presión y nerviosismo. Saber qué le gusta a cada uno, entender los tiempos del otro, incluso hablar para buscar las fuentes de placer mutuas, serán pasos fundamentales. Puntos a tener en cuenta para disfrutar sin miedos ni tensión de la sexualidad: – Fortalecer la autoestima – Disfrutar del sexo – Madurar emocionalmente – Aprender a relajarse… fuera estrés! – Reaprender sobre el propio placer sexual sin coacciones ni culpabilidad – Cuando se presenta un problema uno no debe ser ridiculizado ni sentirse culpable por ello, es importante descubrir qué ocurrió antes – Dejar de sentir insatisfacción en las relaciones sexuales – Aprender a dejarse llevar – Fomentar la comunicación en pareja – Detectar cuando una pareja abusa o pide demasiado

Ya no cabe ningún género de duda de la importancia que tienen las emociones en todo proceso de enseñanza-aprendizaje hoy en día, sea cual sea la edad o el contexto, así como también su directa relación con las personas con TDAH.

La neuroeducación, a través de la neurociencia, la psicología y la educación, nos aporta información muy valiosa del funcionamiento del cerebro durante los procesos de enseñanza-aprendizaje, con la intención de poder mejorar y potenciar al máximo dichos procesos.

La emoción y la cognición son procesos que interaccionan entre sí y condicionan de forma directa la conducta posterior de las personas.

Las funciones cognitivas superiores tales como la atención o la memoria siempre estarán contaminadas por las emociones de una forma u otra. Nuestras acciones dependerán de la contaminación que tengamos mediante vivencias pasadas, satisfacciones personales anteriores o situaciones de angustia. Todos estos factores determinarán de cierta manera los futuros procesos de enseñanza-aprendizaje que se nos presenten,  en dicho proceso, lo que realmente nos abre la puerta al aprendizaje es la emoción, hablamos en este caso de un aprendizaje significativo, dejando un poco a un lado uno más memorístico. La emoción despierta la curiosidad, el interés y por tanto nos ayuda a focalizar nuestra atención, la cual hay que recordar que nace de algo que puede significar placer (algo positivo) o castigo (algo negativo) y que tiene que ver con la supervivencia del ser humano.

Atendemos aquello que nos interesa porque nos proporciona una recompensa positiva o nos evita algo negativo.

Por lo tanto, importantísimo se presenta también con niños con TDHA, ya que su mecanismo de recompensas se ve alterado por el propio trastorno. El esfuerzo de atención que hacen estos niños está directamente relacionado con el interés que suscita la actividad, trabajo o docente, es decir, con sus emociones.

BIBLIOGRAFÍA

Mora, F. (2013). Neuroeducación. Madrid: Alianza Editorial.

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