Mi hijo hace muchas faltas de ortografía

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Mi hijo/a hace muchas faltas de ortografía

Cuando escribe hace muchas faltas ortográficas, y yo ya no sé como ayudarlo. ¿Tiene dislexia? Esta pregunta es muy habitual entre los padres y madres que vienen al Centre EsPla. Y siempre les contesto del mismo modo. ¿Sabes de qué color es la capa que lleva Superman? Todos me miran con cara de sorpresa. Roja.  Tenemos una imagen muy clara de los colores que representan al superhéroe, nos viene a la cabeza sin ningún tipo de ayuda, como un flash. ¿Por qué? Porque lo recordamos gracias a la memoria visual. Sé que os preguntaréis, ¿qué tiene que ver el recuerdo de una de imagen con las faltas que comete mi hijo/a? Pues mucho. ¡Más de lo os podéis imaginar! Las personas con buena ortografía no escriben recordando la norma ortográfica, como si fuera una receta mágica. De hecho, sólo acuden a ella en casos excepcionales. Por lo tanto, ¿cómo lo hacen? Ven la palabra en su mente, como una fotografía, como la imagen del superhéroe. Son capaces de levantar por un momento la vista, fijarla hacia una dirección concreta, sin darse cuenta, y encontrar la palabra que quieren escribir dentro de su almacén de palabras. Abren el cajón (imaginario) de su mente, y allí está, sin problema, colocada en el mismo sitio que estaba la última vez que la utilizaron. Entonces… ¿Como puedo conseguir que mi hijo/a tenga esta capacidad y reduzca el número de faltas? ¡Vamos a verlo! 1. Es importante explicar a los niños que tienen que ver la palabra en su mente o en el aire. Primero, les costará mucho, pero después la verán sin dificultad. Pueden hacer como si escribieran al aire con el dedo. 2. Ejercitar la memoria visual a través de juegos (sin utilizar palabras). Por ejemplo: mostrarles durante unos segundos según una secuencia de colores o de formas geométricas y seguidamente taparla. El niño/a tendrá que recordar la secuencia sin cometer errores. Empezar con dos elementos, y aumentar poco a poco en función de los errores. 3. Entrenar la memoria visual con las palabras. Primero, palabras cortas (por ejemplo: puede, nieve, vaca), después palabras más largas. Incrementando, poco a poco, su complejidad. ¿Qué se tiene que hacer con estas palabras? El niño/a tendrá que deletrearlas, letra por letra, primero de adelante a atrás, después, de atrás a adelante. Se pueden hacer tarjetas con las palabras, escritas en letra mayúscula y colores, y guardarlas en una cajita. Estos pasos tan sencillos pueden hacer que, con poco tiempo, tu hijo/a reduzca el número de errores ortográficos de manera considerable! Animaos!  

Maria Antònia Vaquer Mestra d’Audició i Llenguatge (AL)

Ya no cabe ningún género de duda de la importancia que tienen las emociones en todo proceso de enseñanza-aprendizaje hoy en día, sea cual sea la edad o el contexto, así como también su directa relación con las personas con TDAH.

La neuroeducación, a través de la neurociencia, la psicología y la educación, nos aporta información muy valiosa del funcionamiento del cerebro durante los procesos de enseñanza-aprendizaje, con la intención de poder mejorar y potenciar al máximo dichos procesos.

La emoción y la cognición son procesos que interaccionan entre sí y condicionan de forma directa la conducta posterior de las personas.

Las funciones cognitivas superiores tales como la atención o la memoria siempre estarán contaminadas por las emociones de una forma u otra. Nuestras acciones dependerán de la contaminación que tengamos mediante vivencias pasadas, satisfacciones personales anteriores o situaciones de angustia. Todos estos factores determinarán de cierta manera los futuros procesos de enseñanza-aprendizaje que se nos presenten,  en dicho proceso, lo que realmente nos abre la puerta al aprendizaje es la emoción, hablamos en este caso de un aprendizaje significativo, dejando un poco a un lado uno más memorístico. La emoción despierta la curiosidad, el interés y por tanto nos ayuda a focalizar nuestra atención, la cual hay que recordar que nace de algo que puede significar placer (algo positivo) o castigo (algo negativo) y que tiene que ver con la supervivencia del ser humano.

Atendemos aquello que nos interesa porque nos proporciona una recompensa positiva o nos evita algo negativo.

Por lo tanto, importantísimo se presenta también con niños con TDHA, ya que su mecanismo de recompensas se ve alterado por el propio trastorno. El esfuerzo de atención que hacen estos niños está directamente relacionado con el interés que suscita la actividad, trabajo o docente, es decir, con sus emociones.

BIBLIOGRAFÍA

Mora, F. (2013). Neuroeducación. Madrid: Alianza Editorial.

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