Trastorno del procesamiento auditivo (DPAC)

El proceso que se lleva a cabo en la audición es más complejo de lo que podemos pensar.

Cuando se habla de habilidades auditivas, erramos al pensar que solo se trata del proceso que ocurre en el oído, es decir, en la capacidad para detectar el sonido. En cambio, esta capacidad es solo una parte de los procesos que tienen lugar en el sistema auditivo El procesamiento auditivo central engloba todos los procesos y mecanismos auditivos encargados de las habilidades, como la localización y lateralización del sonido, la discriminación i la integración auditiva. Es decir, que en el trastorno del procesamiento auditivo se presentan dificultades para comprender conversaciones, especialmente cuando hay ruido de fondo, o para seguir indicaciones verbales complejas. También presentan dificultad para adquirir nuevo vocabulario o incluso una segunda lengua.
Así pues, las dificultades en los procesos y mecanismos centrales de la audición, pueden interferir en el normal desarrollo del lenguaje, en el aprendizaje académico o la efectividad comunicativa.
Hay que destacar, que los problemas en el procesamiento auditivo pueden coexistir con una pérdida auditiva (capacidad de detectar la presencia o ausencia de sonido). Además, pueden tener una estrecha relación con los trastornos del desarrollo del lenguaje, como el trastorno especifico del lenguaje (TEL) o las dificultades de aprendizaje, como la dislexia. En muchas ocasiones, niños y adultos que presentan este trastorno, no son diagnosticados debido a que tienen la capacidad para detectar la presencia o ausencia del sonido y no presentan problemas de comunicación en situaciones ideales. Por este motivo, se acaba atribuyendo sus dificultades a una falta de atención, de motivación u otra causa. Diagnosticar este trastorno es un proceso complicado que requiere un equipo profesional multidisciplinar compuesto por médicos otorrinolaringólogos, audiólogos y logopedas. Este quipo, además, necesitará de la estrecha colaboración con la familia y el entorno escolar (los tutores, maestros de audición y lenguaje, etc.). Algunas conductas que se pueden observar en niños o adultos con DPAC, son:
  • Dificultad para comprender o escuchar en ambientes ruidosos.
  • Dificultad para seguir conversaciones largas y/o en grupo.
  • Dificultad para conversar por teléfono.
  • Dificultad para recordar información oral (déficit en la memoria auditiva)
  • Dificultad para mantener la atención en una actividad cuando hay ruido ambiental.
  • Dificultades para organizarse.
  • Dificultad en la lectura y escritura.
 

Ya no cabe ningún género de duda de la importancia que tienen las emociones en todo proceso de enseñanza-aprendizaje hoy en día, sea cual sea la edad o el contexto, así como también su directa relación con las personas con TDAH.

La neuroeducación, a través de la neurociencia, la psicología y la educación, nos aporta información muy valiosa del funcionamiento del cerebro durante los procesos de enseñanza-aprendizaje, con la intención de poder mejorar y potenciar al máximo dichos procesos.

La emoción y la cognición son procesos que interaccionan entre sí y condicionan de forma directa la conducta posterior de las personas.

Las funciones cognitivas superiores tales como la atención o la memoria siempre estarán contaminadas por las emociones de una forma u otra. Nuestras acciones dependerán de la contaminación que tengamos mediante vivencias pasadas, satisfacciones personales anteriores o situaciones de angustia. Todos estos factores determinarán de cierta manera los futuros procesos de enseñanza-aprendizaje que se nos presenten,  en dicho proceso, lo que realmente nos abre la puerta al aprendizaje es la emoción, hablamos en este caso de un aprendizaje significativo, dejando un poco a un lado uno más memorístico. La emoción despierta la curiosidad, el interés y por tanto nos ayuda a focalizar nuestra atención, la cual hay que recordar que nace de algo que puede significar placer (algo positivo) o castigo (algo negativo) y que tiene que ver con la supervivencia del ser humano.

Atendemos aquello que nos interesa porque nos proporciona una recompensa positiva o nos evita algo negativo.

Por lo tanto, importantísimo se presenta también con niños con TDHA, ya que su mecanismo de recompensas se ve alterado por el propio trastorno. El esfuerzo de atención que hacen estos niños está directamente relacionado con el interés que suscita la actividad, trabajo o docente, es decir, con sus emociones.

BIBLIOGRAFÍA

Mora, F. (2013). Neuroeducación. Madrid: Alianza Editorial.

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