Qué es el mutismo selectivo

Mutismo selectivo: guía para entenderlo desde cero

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad infantil en el que un niño que habla con normalidad en casa no consigue hablar en otros lugares, sobre todo en el colegio. No es que no quiera: la ansiedad le bloquea. Para diagnosticarlo, según el DSM-5, el silencio tiene que durar al menos un mes, sin contar el primer mes de colegio.

Si nunca habías oído hablar de él, esta guía está pensada para ti. Vamos a explicarlo sin tecnicismos: cómo se reconoce, por qué ocurre, qué no es y qué se puede hacer.

Qué es el mutismo selectivo

  • Es un trastorno de ansiedad, no un problema de timidez, de mala educación ni de capacidad para hablar.
  • El niño habla con normalidad donde se siente seguro, normalmente en casa, y se queda en silencio en otros sitios.
  • Suele empezar antes de los 5 años y se nota sobre todo al empezar el colegio.
  • Es poco frecuente: afecta a entre el 0,03 % y el 1 % de la población.
  • Tiene tratamiento, y cuanto antes se aborda, mejor.

Un ejemplo para entenderlo

Imagina a Lucía, de 5 años. En casa no para de hablar: cuenta lo que ha hecho, canta, discute con su hermano. Por la mañana entra en el colegio y no dice ni una palabra en todo el día. No contesta a la profesora aunque sepa la respuesta, no pide ir al baño y, si quiere algo, lo señala o se lo dice al oído a una amiga.

Sus profesores piensan que es muy tímida. Sus abuelos, que es cabezota. Ninguna de las dos cosas es cierta: Lucía quiere hablar, pero cuando lo intenta, la ansiedad la bloquea. Eso es el mutismo selectivo.

La palabra «selectivo» confunde, porque suena a que el niño elige cuándo hablar. No es así. Se llama selectivo porque ocurre solo en algunas situaciones, no porque el niño lo decida.

Que se clasifique entre los trastornos de ansiedad, como recoge la Revista de Psiquiatría Infanto-Juvenil de la AEPNYA, explica mucho de lo que le pasa. Muchas de sus señales se parecen a las que describimos en nuestro artículo sobre la ansiedad en niños y sus síntomas menos evidentes.

Niño con mutismo

Cómo saber si un niño tiene mutismo selectivo

La pista principal es la diferencia entre lugares: habla en un sitio y en otro no, y esa diferencia se mantiene en el tiempo. Estas son las señales más habituales:

  • No habla en clase ni responde cuando le preguntan, aunque sepa la respuesta.
  • Se comunica con gestos: señala, asiente o habla a través de un compañero o un hermano.
  • Se queda quieto o sin expresión cuando se espera que diga algo.
  • Habla con algunos niños en el recreo, pero no delante de adultos, o al revés.
  • Evita situaciones como saludar, pedir en una tienda o contestar al teléfono.

Lo que tiene que pasar para hablar de mutismo selectivo

Los profesionales usan los criterios del DSM-5, el manual de referencia en salud mental. Traducidos a lenguaje sencillo, son estos:

  1. Calla siempre en las mismas situaciones, como el colegio, aunque en otras hable sin problema.
  2. Le afecta en su día a día: en cómo le va en clase o en su relación con otros niños.
  3. Dura al menos un mes. El primer mes de colegio no cuenta, porque es normal que a un niño le cueste soltarse al principio.
  4. No es un problema de idioma: no calla porque no entienda o no domine la lengua que se habla allí.
  5. No lo explica otro problema, como la tartamudez, un trastorno del lenguaje o el autismo.

Cómo se trata el mutismo selectivo

El tratamiento busca bajar la ansiedad que le provoca hablar y, a partir de ahí, ampliar poco a poco las situaciones y las personas con las que el niño consigue comunicarse. Se avanza con pasos muy pequeños: primero comunicarse sin palabras, después con susurros, luego con una persona nueva en un sitio tranquilo, y así hasta llegar al aula. Las intervenciones más utilizadas son de tipo cognitivo-conductual.

La familia y el colegio forman parte del tratamiento, porque el niño pasa buena parte del día en clase y lo que hagan sus profesores puede acelerar o frenar mucho el avance. En algunos casos, el especialista médico puede valorar además un tratamiento farmacológico; esa decisión es siempre médica.

No hay una duración estándar. Según la experiencia del equipo de Espla, depende del tiempo que lleven presentes las dificultades, de su intensidad y de los recursos con los que cuenten el niño, su familia y el colegio.

Las dudas más habituales cuando se oye hablar del mutismo selectivo por primera vez

¿No es simplemente timidez?

No. Un niño tímido tarda en soltarse, pero cuando coge confianza acaba hablando. En el mutismo selectivo el silencio se mantiene semanas o meses en el mismo sitio, aunque el niño ya conozca a la gente, y le impide hacer cosas propias de su edad, como participar en clase o pedir ayuda.

¿Puede hablar y no quiere?

Puede hablar, pero no puede hacerlo en esas situaciones. Es una diferencia importante: no está desafiando a nadie ni haciéndose el interesante. La ansiedad que siente cuando se espera que hable es tan fuerte que le bloquea. Por eso insistir o regañar no funciona y suele empeorar las cosas.

¿Es culpa de cómo lo hemos educado?

No hay una causa única, y desde luego no es «culpa» de los padres. El mutismo selectivo tiene un origen multifactorial: influyen factores genéticos, el temperamento del niño, su entorno y su neurodesarrollo. Se ha observado con más frecuencia en niños con antecedentes familiares de ansiedad o fobia social y en niños que se crían en más de un idioma.

En Espla no empezamos a tratar sin entender antes qué hay detrás. Como explica nuestro equipo, puede haber una ansiedad de base, pero el mutismo selectivo también puede aparecer a raíz de otros trastornos del neurodesarrollo o incluso de situaciones de trauma. Por eso el primer paso siempre es un buen diagnóstico diferencial.

Niño sufriendo mutismo selectivo

¿Se le pasará solo?

No conviene esperar a ver si se pasa. Cuando los síntomas se mantienen, el silencio deja de ser solo un problema de habla: afecta a cómo se relaciona el niño, a cómo le va en el colegio y a la imagen que tiene de sí mismo, y aumenta la probabilidad de desarrollar ansiedad social más adelante. Si después del primer mes de colegio sigue sin hablar en clase, es el momento de pedir una valoración.

¿Es lo mismo que el autismo?

No. En el autismo las dificultades de comunicación aparecen en todos los contextos, también en casa. En el mutismo selectivo el niño se comunica con normalidad allí donde se siente seguro. Aun así, a veces hay que descartar el autismo con cuidado, sobre todo en niñas, en las que el diagnóstico suele llegar tarde. Lo explicamos en nuestro artículo sobre la importancia del diagnóstico temprano en niñas con autismo.

¿Qué es el mutismo emocional?

El mutismo emocional no es un diagnóstico clínico: no aparece en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es una expresión que se usa para describir la dificultad de una persona para poner palabras a lo que siente, o la tendencia a quedarse callada en momentos de tensión emocional. A diferencia del mutismo selectivo, no implica que la persona no pueda hablar en un lugar concreto, sino que le cuesta expresar sus emociones.

Qué puedes hacer como padre, madre o profesor

La regla de fondo es sencilla: no presionar para que hable, pero tampoco hablar siempre por él.

  • No le obligues a hablar ni le castigues por no hacerlo. La presión aumenta la ansiedad, que es justo lo que le bloquea.
  • No contestes por él de forma automática. Dale tiempo y, si no responde, acepta un gesto o que señale.
  • Habla con el colegio y pide que no se le haga hablar delante de toda la clase. Al principio ayuda que pueda participar sin hablar, por escrito o con tarjetas.
  • Celebra los pequeños avances sin hacer un drama de ellos: un susurro a la profesora ya es un paso enorme.
  • No le pongas la etiqueta de tímido, ni delante de él ni de otros. El niño acaba asumiendo el papel de «el que no habla».

¿Crees que tu hijo puede tener mutismo selectivo? En Espla te ayudamos

En Espla tratamos el mutismo selectivo, y lo hacemos empezando por entender qué hay detrás del silencio de cada niño. La primera visita es con los padres, para conocer dónde y con quién habla tu hijo. Después trabajamos con él a través del juego y de sus intereses, para que la consulta sea un espacio seguro donde no se le exige nada.

Si tu hijo habla en casa pero no en el colegio, puedes pedir cita con nuestros psicólogos infantiles en Mallorca, en Manacor y Palma.

Antes de la primera visita, ayuda mucho apuntar en qué sitios y con qué personas habla y en cuáles no. Ese mapa es el punto de partida del tratamiento.

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