En los últimos años, el uso de pantallas ha aumentado de forma considerable en la vida cotidiana de los niños y niñas. Tablets, móviles o televisores forman parte de su entorno desde edades muy tempranas. Pero ¿cómo influye esto en el desarrollo del lenguaje?
Desde el ámbito logopédico, observamos cada vez más casos de retrasos en la adquisición del lenguaje, dificultades para mantener la atención o incluso problemas de comprensión y expresión. Aunque las pantallas no son la única causa, sí se ha identificado una relación directa entre el uso excesivo de dispositivos y el empobrecimiento del lenguaje.
Los primeros años de vida son clave para desarrollar habilidades comunicativas. El lenguaje se construye a partir de la interacción social, el juego simbólico, la mirada compartida y la conversación con adultos y otros niños. Cuando el tiempo frente a pantallas sustituye estos intercambios, se limita la estimulación necesaria para que el lenguaje florezca de manera natural.
Además, muchos contenidos digitales son pasivos y no promueven el diálogo, la imaginación ni el uso activo del lenguaje. En cambio, las interacciones humanas sí permiten adaptar el lenguaje al nivel del niño, repetir, corregir y ampliar su vocabulario.